La costa de Oaxaca, el paraíso infernal

Acampando en Bahía San Agustín, Huatulco - Oaxaca

Acampando en Bahía San Agustín, Huatulco – Oaxaca

[Mayo 2014]

Dejamos Teotitlán del Valle y volvimos a Ciudad de Oaxaca a buscar más aceite para luego partir a las tan ansiadas y famosas  playas del Pacífico! Nuevamente nos toca una carretera del terror, pero no tan pésima como la de Hierve el Agua. Tenemos que atravesar la Sierra Sur, miles de curvas y topes (lomos de toro) serán nuestros compañeros durante largas 7 horas, las que decidimos en su minuto dividir en 2 tandas y acampamos en un pueblo a mitad de camino a pasar la noche afuera del retén de policía para continuar al día siguiente con las otras 4 horas que restaban.

“Bienvenidos a Puerto Escondido” dice un letrero a la entrada de esta enorme ciudad a la que imaginábamos un pueblo. Universidades, Hospitales, grandes supermercados y calor, mucho calor!!!!… ohhhh nooo, esto no es lo que queríamos! Vámonos de acá ahora ya!

Manejamos unos kilómetros más al sur, siempre bordeando la costa y metiéndonos por callecitas en búsqueda de nuestra palapa frente al mar, pero no lo lográbamos. Paramos en Zicatela que se veía más piola, mucho pero mucho más chico y preguntamos en unos restoranes qué tal pasar la noche por ahí y nos dijeron que era inseguro, que ya habían robado anteriormente a unos viajeros en carro igual que nosotros. Hasta luego, gracias…

Estábamos en la playa, brillaba el sol, era todo lo que queríamos hace meses, pero entre el calor que hacía, la humedad y el no encontrar dónde dormir, nos tenía a los dos descompuestos (sí, lo reconozco, mucho más a mí que Vic, simplemente odiosa!). Buscamos internet para averiguar qué había más adelante y por Facebook salió “el amigo del amigo”, que nos escribe para recibirnos en su casa en Mazunte, a 60 kms de donde estábamos en ese momento! Nuevamente la suerte está de nuestro lado 🙂

Pueblo de Mazunte

Pueblo de Mazunte

Llegamos a Mazunte, un pueblito precioso, con muchos restoranes y tienditas, turístico, pero no taaaanto, con una playa larga y agua perfecta para estar una hora adentro. Es que de verdad, afuera no se podía estar!

Matías, “el amigo del amigo” que nos recibió en su casa, publicó en un grupo de Facebook nuestra travesía y que necesitábamos aceite para continuar y apareció un suizo que vive hace 13 años en Zipolite –la siguiente playa hacia el sur- que creó un punto limpio y tenía varios litros de aceite para regalarnos. Finalmente se dio que esos “varios litro de aceite” que nos estaban esperando, eran como 200!! Con eso tenemos para más de 1000 kms!!

Nos dieron muchísimo aceite!!!

Nos dieron muchísimo aceite!!!

Se dio la coincidencia que justo ahí también se estaban quedando unos amigos viajeros argentinos, Luli y Emma, que conocimos en Canadá y aprovechamos de ir a visitarlos, bañarnos en esa agitada playa y tomar unos helados naturales de coco.

Los días en Mazunte estuvieron muy ricos, dejando a un lado el calor de la noche y los mosquitos que no nos permitían dormir de lo mejor. Tampoco hubo necesidad de poner alarma para despertarnos en las mañanas, con la salida del sol, la temperatura y humedad aumentaban proporcionalmente a medida que avanzaban los minutos y ya a las 8.30 am era imposible estar adentro de la camper.

mazunte_atardecer

Disfrutamos muchísimo de la playa, el mar era bastante tranquilo y la temperatura estaba perfecta, de las conversaciones con Matías en su casa y una buena cocina que siempre nos acompaña. Vic también aprovechó de ir a pescar, pero no tuvo mucho éxito. Lo bueno es que conocimos a un pescador que sacó un jurel de 5 kilos y nos lo vendió por MX$70 (como $3.500 pesos chilenos!) Y hasta lo fileteó en la casa para nosotros!

mazunte_jurel

Camino a pescar a Punta Cometa

Camino a pescar a Punta Cometa

Los pescadores nos dejaron con la boca abierta al mostrar su habilidad para pescar desde las inclinadas rocas

Los pescadores nos dejaron con la boca abierta al mostrar su habilidad para pescar desde las inclinadas rocas

Dejamos Mazunte después de filtrar los 200 litros de aceite rumbo al Parque Nacional Huatulco. No sabíamos muy bien dónde íbamos a parar esa noche, pero íbamos con tiempo de sobra.

Decidimos repentinamente tomar un camino de tierra a mano derecha hacia “Bahía San Agustín”. En el camino compramos algo de fruta en unos puestos, manejamos un par de kilómetros más y llegamos a una zona de muchísimos restoranes ubicados frente al mar. Preguntando por aquí y por allá dónde podríamos dormir, llegamos hasta un restorán, casi el último de todos y le preguntamos a la dueña si podríamos acampar ahí afuera a cambio de comprarle algunas chelas. Trato hecho!

Nuestro lugar de camping por los siguientes 3 días

Nuestro lugar de camping por los siguientes 3 días

El lugar era perfecto. Abríamos la puerta de la camper y nos encontrábamos con el mar frente a nosotros! Además el restorán tenía unas hamacas, sillas y mesas ahí mismo en la playa para cuando quisiéramos disfrutar de una cerveza helada.

Una siesta al atardecer

Una siesta al atardecer

Leyendo unos carteles nos dimos cuenta que ahí mismo, en Bahía San Agustín, había un arrecife de coral! Como andamos trayendo máscara y snorkel decidimos ir a ver con qué nos encontrábamos y estuvimos en el agua casi 1 hora. Vimos muchos cardúmenes y algunos peces de colores, pero no tanto más.

Frente a nosotros estaba el arrecife de coral

Estuvimos 3 días acampando en este paraíso y nuevamente los mosquitos y el calor infernal de la noche nos echaron de ahí. Además se nos descargó la batería de la camper, lo que implica que no tenemos luz y no podemos enchufar absolutamente nada. Vamos en búsqueda de otro lugar! Y continuamos avanzando por la costa hasta llegar a La Crucecita donde de la nada se nos acercó TV Azteca para hacernos una nota y donde además vivimos una experiencia casi del terror…

TV Azteca nos interceptó en la plaza de La Crucecita

TV Azteca nos interceptó en la plaza de La Crucecita

Estuvimos varias horas buscando un lugar donde acampar y se dio que en esa zona toda la línea costera es privada. A medida que avanzábamos, tomábamos un camino a la derecha con la esperanza de llegar a la playa, pero no… En cada intento llegamos a un resort 5 estrellas o a un condominio privado. Maldición!

Avanzaba la hora y decidimos ir a probar suerte un poco más al norte a la playa “La Entrega” que es una pequeña bahía con varios restoranes, donde nos recibe amablemente un señor que por supuesto nos llevó directo al restorán donde trabajaba para sentarnos en una mesa y traernos la carta. Nos tomamos una chela, obviamente, y después le preguntamos si podíamos acampar por ahí y si podíamos conseguir corriente eléctrica para cargar la batería de la camper que estaba muerta. Él dijo que ningún problema, que le pasáramos algo “pa’l refresco”, y que moviéramos la camper “cuando se vaya la jefa”. Resultó ser que la jefa era medio trabajólica porque nos dieron las 10 de la noche cuando recién decidió irse!

Movimos la camper al estacionamiento de carga que estaba muy oscuro y olía a basura, pero qué íbamos a hacer, ya estábamos ahí y necesitábamos cargar la batería. Sacamos los alargadores para enchufarnos a la corriente y nos dimos cuenta que los cables no daban. Estuvimos en eso más de media hora y el señor corría de un lado para otro buscando la forma de llegar al enchufe. Hasta que finalmente, lo logramos! No alcanzamos a celebrar cuando este señor va y nos cobra MX$200 por el favor (CLP$10.000). PLOP!

– “Pero señor, no habíamos quedado en que era “algo pa’l refresco”? Tan cara está la coca?”

Y aunque quisiéramos haberle pagado, no teníamos! Por lo general andamos con algo de plata, pero ese día juntando lo de los bolsillos de Vic más los míos, teníamos ratonamente MX$50 (CLP$2.500).

– “Ahhh no pue… No ve que la electricidad sale cara? Y todo el trabajo de conectarlos?” nos dice, y se va murmurando a la oscuridad, donde hay otros dos tipos más. “No quieren pagar…”, escuchamos que les dice.

En ese minuto nos miramos con Vic y rajamos a desenchufar todo lo más rápido que pudimos, guardar los cables, decirle “chao, gracias y disculpe la molestia” e irnos inmediatamente de ahí! Sin decir ni una palabra, los dos tuvimos la misma sensación de terror, como que estos viejos iban a partir atrás de nosotros a pedirnos la plata “menos amistosamente”. Nos subimos a la Piscola y partimos hechos un peo, cagados de susto, pero no había pasado nada. Ya estábamos a salvo. Fue una de esas situaciones donde a uno le dicen que siga sus instintos y si sientes que algo raro puede pasar, pues vete inmediatamente.

“Y ahora pa dónde nos vamos?” Y nos acordamos de los Bomberos! Los buscamos en el GPS y fuimos a tocarles la puerta. Ya eran pasadas las 11:30 de la noche. Les explicamos la situación, que no teníamos dónde acampar y que estábamos sin batería y por supuesto accedieron a ayudarnos. Eternamente agradecidos!

Al día siguiente continuamos hacia el sur y seguíamos buscando playa, hasta que llegamos a Salina Cruz que es un puerto y como todo puerto, aparte de feo, no lo considerábamos seguro, así que tomamos la decisión de dejar la costa y acercarnos a Chiapas. Y así fue como llegamos al pueblo de Unión Hidalgo donde nos dirigimos a la plaza principal a preguntarle a la policía si podíamos pasar la noche ahí, a lo que respondieron que no había ningún problema y que éramos bienvenidos!

La camper llamaba mucho la atención, no sólo porque llevamos una gallina en el techo o porque estamos llenos de calcomanías, sino que Unión Hidalgo es un pueblo “x” que NADIE va a visitar, entonces no había más turistas que nosotros.

Mientras cocinábamos en la camper, nos tocan la puerta. Era un tipo que nos invitaba al día siguiente a un programa de radio de un amigo que habla de sustentabilidad. Nos pasó a buscar a las 8am a la camper, nos invitó al mercado local a tomar desayuno donde probamos panes dulces, quesos y comimos carne de iguana que es deliciosa! Después nos enteramos que estaba prohibido comer iguana, pero dado el contexto en que fue la comida: en un mercado lleno de gente local y servida como algo típico, sumado al hecho que habíamos visto muchísimas iguanas en la carretera (hasta atropellamos una) no nos dio remordimiento de conciencia. También nos llevó a ver unos murales pintados en murallas de casas particulares que muestran distintos personajes del pueblo, pero no famosos históricamente, sino que gente común y corriente que se dedica a oficios típicos hace muchos años.

Murales de Unión Hidalgo

Murales de Unión Hidalgo

Murales de Unión Hidalgo

Murales de Unión Hidalgo

Después nos llevó a la radio donde nos encontramos con el conductor del programa quién nos entrevistó por una hora! Hablamos de todo: del viaje, de Chile, del aceite, de nuestra experiencia en México, de comidas típicas, música, historia, etc… Estuvo bien entretenido! Por fin alguien que pregunta cosas interesantes, y sin ser periodista se nota una curiosidad genuina en saber del viaje y de un par de chilenos en medio de la nada. Hablamos también de los gigantes molinos de viento en las cercanías del pueblo y como estos afectaban a los locales, siendo Unión de Hidalgo un claro ejemplo de un lugar donde se instalan grandes empresas a hacer usufructo de la energía que existe pero el pueblo no recibe nada o muy poco a cambio. Como sea, fue una de las mejores entrevistas que hemos tenido hasta ahora.

Y ésta fue nuestra última parada de Oaxaca, donde nuevamente el calor de la noche y el constante zumbido de los mosquitos en el oído no nos dejaron dormir. Posiblemente esa fue la peor noche en cuanto a calor insoportable y que llegó casi al punto de intervenir nuestra relación de pareja.

Qué lástima no haber podido disfrutar la costa Oaxaqueña como lo queríamos y añorábamos. Habiendo estado en lugares tan pero tan lindos, realmente paradisíacos, pero que por una u otra razón se transformaba en un infierno.

De esto también sacamos una enseñanza… lo que para unos pudo haber sido lo mejor de México, para nosotros no lo fue. Toda experiencia es netamente personal y va a depender muchísimo cómo y cuándo vives los lugares.

Dejamos Oaxaca con muy lindos y otros no tan lindos recuerdos, esperando, quizás, volver en otra ocasión (y por supuesto, en otra época del año!). Nos dirigimos a un nuevo estado del que también nos han hablado mil maravillas, pero ya aprendimos a bajar las expectativas para no llevarnos malas sorpresas… Chiapas, allá vamos!

>> Ver más fotos de Oaxaca

 

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2 Respuestas a “La costa de Oaxaca, el paraíso infernal

  1. Hola! No se como llegué a su blog pero está muy entretenido. Que pena que no disfrutaron Huatulco y La Crucesita, que es donde vivo yo, por decisión familiar y personal, ya que mi familia originalmente es del estado de Chiapas. Lo que nos trajo aqui es la tranquilidad de las personas y el buen trato y servicio que siempre ha habido, lamentablemente aqui todo es negocio, por la afluencia de turismo “gringo” al cual los prestadores de servicio tratan a cuerpo de rey. Pero si no tienes dinero, y eres de fuera, muy pocas veces quieren ayudar. Que pena que los hayan espantado en La entrega, y que nadie les haya dicho que en Tangolunda (la zona hotelera) hay un parque de playa en donde pueden acampar y que está precisamente para viejero como ustedes. Lamentablemente no todos lo conocen, y el echo que ya hayan privatizado tanta playa hace que muchos piensen que en ninguna se puede acampar. Ojalá algún dia vuelvan y no se queden con esa mala imagen de la gente de este hermoso paraíso. Les dejo mis datos por si necesitan cualquier cosa me pueden contactar.

    • Hola Ariana, muchas graciaspor tu mensaje. Qué ganas de haber sabido esto antes!!!
      Sí, para nosotros fue una pena ver que estuviera todo el acceso a la playa cerrado… De todas formas la gente fue muy amable y Oaxaca nos encantó!
      Un fuerte abrazo y si volvemos te escribiremos!

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