El Páramo: Los Andes Venezolanos

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[Junio – Julio 2015]

Dejamos la planicie y carreteras rectas de Los Llanos para internarnos en el comienzo de la Cordillera de Los Andes en Venezuela.
Ya era martes y nuestro permiso de importación temporal del vehículo vence el domingo. Creemos que aún estamos bien de tiempo para visitar esta zona y cruzar a Colombia por Cúcuta.

Salimos a las 8am de Barinas y no alcanzamos a andar 1 km cuando nos para la Policía en plena rotonda y nos señala que nos orillemos a la derecha. Vic sin entender nada hace una seña como diciendo “A dónde quiere que me ponga??”. Se nos acerca un niño-policía que habrá tenido con suerte 17 años, nos pide los documentos y nos dice que cometimos una infracción grave al estar manejando y hablando por teléfono.

“Disculpe oficial, pero no tenemos teléfono” le dice Vic y el cabro chico no supo qué decir. Salió con que el Jefe nos había visto y quería hablar con Víctor. Después le dijo que querían hablar conmigo. Inventa que los papeles de la camioneta no son los originales y yo ya no tenía paciencia ni ganas de ser gentil ni sonreír. “Mire oficial, ya llevamos casi un mes en Venezuela, nos han parado más de 40 veces y todos nos han revisado los papeles. Usted realmente cree que no son los originales? Por favor, déjenos ir que todavía tenemos que manejar 4 horas…” Me dijo que tenía que esperar 10 minutitos más a que le devolvieran el llamado del SENIAT (Aduana) y estamos listos.

En resumen, nos tuvieron ahí 45 minutos, sólo para hinchar las pelotas porque nos querían sacar plata. Pero a esta altura que ya hemos pasado 11 fronteras y varios países corruptos, estamos con entrenamiento fino y sin temor para frenar a la Policía y no dejarles ni uno!

Mala cosa partir el día de esta manera, pero ya está. El ánimo se nos fue mejorando cuando empezamos a subir a la montaña y ver pequeños pueblitos de techos de tejas en la ladera de los cerros, como de cuento!

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Y como es “tradición”, la Piscola empieza a mostrar la hilacha a medida que vamos subiendo. La transmisión se vuelve media loca, se prende la luz del overdrive y paramos a revisar que todo esté en orden. Justo encontramos un plano donde detenernos en medio de todas esas curvas, qué suerte! Estaba todo en orden y cuando queremos prender la camio, ésta no parte. Fue de la nada, iba todo tan bien, qué estará pasando ahora?

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Después de varias horas de revisar la batería, poner el Scanner que nos donó RiffRaff y revisar los cables, Vic me dice que vaya a buscar ayuda a Santo Domingo, un pueblo que habíamos pasado 10 kms más atrás. Tomé un taxi –sí, hay taxis en la montaña!- y fui en búsqueda de ayuda. Me dijeron que el único mecánico electricista estaba en El Caney, el siguiente pueblo de abajo.

Seguí con el taxi a buscar al “Chucho” y cuando llego a su taller me dicen que andaba afuera y el mecánico que había dejado a cargo en el taller no podía dejar el negocio solo. Fui a otro mecánico un poco más allá, que sentado en un balde y con cara de indiferencia me dice que nadie lo saca de su taller y que de vehículos diésel no entiende nada. “Uuuufff, con esas ganas de trabajar no te llevo a ningún lado!”.
De regreso a Santo Domingo pasamos por los Bomberos y les pedí ayuda. Les expliqué el problema y a los 2 minutos estaban en su moto y una camioneta atrás de nosotros para ver en lo que podían ayudar. Cuando llegamos a la camio nos dimos cuenta que era más la buena disposición que lo que sabían realmente de mecánica! Estuvimos un par de horas ahí, Vic de guata arriba del motor, explicándoles todo lo que había intentado, a ver si se les ocurría algo nuevo, y nada…

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Bajamos a Santo Domingo a internet porque a veces las soluciones o nuevas ideas están en los foros. Vic encontró un par de cosas para intentar y volvimos a la camio, ya de noche. Instalamos las luces LED que nos regaló Geo4WD y Vic se puso a trabajar. Después de varias horas, logró solucionar el tema! Era un cable pelado…

Bajamos con la Piscola a dormir donde los Bomberos de Santo Domingo para no quedarnos allá arriba a 3.000 msnm en la mitad de la nada. Ya eran las 10:30 de la noche.

Al día siguiente nos levantamos con calma y el sol iluminaba las verdes montañas que nos rodeaban. Nos dimos una rica ducha caliente (se valora mucho una ducha) y partimos nuevamente con destino a Mérida. Qué tendrá esta ciudad que no quiere que lleguemos nunca???

Avanzamos algunos kilómetros y paramos a revisar los niveles y que todo estuviera en orden y… sorpresa!! La manguera del radiador del motor tenía una pequeña fuga. Qué onda? Todo junto en menos de una semana! La Piscola debe estar fatigada, nos pide un descanso a gritos!! Vic la arregló en 5 minutos y seguimos.

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El camino es impresionantemente hermoso! No sólo la vegetación es linda sino que también sus pequeños pueblos que se nota están bien mantenidos. Además se leen carteles “Se vende queso ahumado”, “Charcutería”… tenemos que parar! Entramos a ese paraíso, del que fue difícil sacar a Vic, y compramos un poco de cada cosa: prietas, longanizas y chorizo picante y de la tiendita de al lado, medio kilo de queso ahumado, que por supuesto no nos aguantamos y fuimos picoteando en el camino.

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Después de 3 horas… llegamos a Mérida! Sí señores, la tercera es la vencida, dicen por ahí. Esta ciudad es como los pueblitos que vimos en el camino, pero multiplicado por 1000. Con el tráfico de una ciudad, semáforos en rojo que nadie respeta y ese ruido constante de bocinas a nuestro alrededor… a todo esto, para qué queríamos tanto llegar a Mérida??

Nuevamente y por quinta vez en Venezuela, acudimos a los Bomberos para pasar la noche. Es una tremenda estación donde trabajan 250 empleados. Nos instalamos en el estacionamiento y armamos un rico picoteo con las cosillas que compramos en el camino y un merecido ron Flor de Caña que nos acompaña desde Nicaragua.

Ya es jueves. Nos quedan 4 días de permiso en Venezuela y tenemos ganas de quedarnos más. Esta zona está demasiado bonita y queremos recorrerla con calma y disfrutarla. Últimamente ha sido todo muy rápido, manejadas muy largas y varios problemas mecánicos… todo eso agota.

Llamamos por teléfonos al SENIAT y con un simple correo electrónico solucionamos el tema: Tenemos un mes más de permiso en Venezuela!!!

Felices, decidimos salir de la ciudad, necesitábamos verdor y silencio y manejamos rumbo a La Culata, en las afueras de Mérida, donde leímos que había un Parque Nacional donde podíamos hacer una caminata a la laguna.

El camino es bien angosto y “curvulento” pero todo sea por llegar a la naturaleza. Llegamos al final del camino a la entrada del Parque, que para nuestra mala suerte, está cerrado con una cadena. Hablamos con una señora de la seguridad de la zona y nos aconsejó que no acampáramos ahí porque podían llegar “amigos de lo ajeno”. Le compramos un vino de mora y regresamos por el mismo camino buscando dónde acampar.

Pasamos por restoranes y hoteles, pero nadie nos quería recibir. Hasta que vimos un letrero de paseos a caballo con un terreno bastante grande y nos asomamos. “Alooooo?!” me pongo a llamar parada en la reja y sale un señor de unos 65 años que era el cuidador del terreno. Le explico que necesitamos un lugar para pasar la noche, tranquilo y seguro y si podríamos acampar en su terreno. Después de llamar al jefe y hacerme hablar con él, nos da la autorización y nos instalamos en el fundo.

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Después de 3 maravillosos días y 3 tranquilas noches, regresamos donde nuestros amigos Bomberos de Mérida a revisar el goteo de aceite de la camio. Vic se encargó de hablar con el equipo mecánico de los bomberos, les explicó lo que sucedía y uno de ellos lo lleva a un rincón “mágico” del taller: Había 4 motores diésel y muchas partes y piezas que ellos ya no usaban.

Pasó que los gringos les regalaron 4 máquinas diésel nuevas, pero en Venezuela no existen por lo que no tienen los repuestos, así es que sacaron los motores y los reemplazaron por bencineros. Estaban en perfecto estado y Vic miraba esta maravilla con ojos de huevo frito.

Además de conseguir la parte que debíamos reparar por el goteo de aceite de motor, Vic sacó –previa autorización del Bombero Jefe- 8 inyectores, sensores, una bomba y otras cosas, todo por BsF$4.000 (USD$10 de ese día). Si hubieran visto su cara… con una sonrisa como si hubiera ganado la lotería!! Bueno… fue algo similar 🙂
Con la camio arreglada nos fuimos a conocer la Laguna Mucubají. El tiempo no nos favoreció mucho, pero disfrutamos de las vistas y de una parrillita con los últimos rayos de sol del día.

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Al atardecer llegó un grupo de 6 adolescentes, en short y polera y una mini carpa. Venían a acampar a la montaña (3500 msnm) con el equipo mínimo y ni siquiera básico. El problema fue que ellos no esperaban viento ni lluvia y para su mala suerte, les tocó una tormenta! Vieron que teníamos un techito y nos pidieron refugio.

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Al día siguiente estaban todos mojados y cagados de frío. Fueron pasando de a uno a la camper a secarse con la calefacción mientras les preparaba un té caliente para que recuperaran la temperatura.

Volvimos a Mérida. Entre ir y venir, nos quedamos 10 días con los Bomberos. Mientras Vic revisaba la Piscola yo avanzaba en nuevos proyectos de diseño que nos iban saliendo, como si lo hubiésemos coordinado! Además hacía “vida de barrio” e iba a comprar el pan fresco cada día (sí, Venezuela tiene rico pan!), la fruta y verdura y lo más impactante fue la lavandería: llenamos una lavadora grande (que habrán sido 6 kilos de ropa) y nos salió BsF$350, menos de USD$1…

Y llegó el momento de continuar y nos fuimos hacia San Cristóbal donde nos esperaba Noé a quien habíamos contactado por CouchSurfing y nos recibiría en su casa un par de días. Entre una cosa y otra ese “par de días” se convirtió en una semana…

Nos presentó a sus amigos Mirla y Julián quienes nos invitaron a quedarnos con ellos también y celebramos el cumpleaños de su hija con comida mexicana. Además en su casa vimos la final de la Copa América donde Chile salió campeón!!! Otro día nos juntamos todos a hacer sushi y otro día a hacer un picoteo. El tema es que siempre nos juntábamos a comer. Mirla cocina muy rico y siempre se preocupa por la presentación de sus platos.

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Ya que estábamos tan cerca de la frontera (a 2 horas en bus), Vic aprovechó de ir a Colombia a sacar plata porque se nos estaba acabando y por el tipo de cambio, no nos conviene sacar en Venezuela, donde te dan BsF$6 por dólar, mientras que en la casa de cambio, al día de hoy (Julio 2015) te dan BsF$520, es decir más de 80 veces que lo que da el cajero. No, no es broma…

Acá en San Cristóbal fue donde vivimos por primera vez las largas colas en los supermercados (estuvimos una hora y media) y creemos que esto se da principalmente porque es una ciudad fronteriza, donde existe mucho más contrabando que en otras partes.

Nos pasó en un supermercado ver cómo las mujeres se peleaban a gritos por un paquete de toallas higiénicas, o como por parlante avisaban que había leche en tal pasillo y toda la gente corría desesperada a buscar un litro. Porque además está todo regulado y en productos escasos no puedes llevar más de uno o dos.

A pesar de que en general la gente dice que no hay nada, que las estanterías están vacías, nosotros desde afuera, no lo vemos así. Fuimos a comprar y encontramos todo lo que necesitábamos (menos papel higiénico y leche), pero también hay que tener en cuenta que como el cambio nos favorece tanto, podemos acceder a todos los productos, mientras que para ellos hay algunos que son demasiado caros.

Llegó el día de dejar Venezuela por el temido paso fronterizo de Cúcuta, no porque fuera peligroso, sino porque los militares se toman el tiempo y la molestia de revisar toooodo el vehículo por horas y horas. Además, nosotros llevamos 300 litros de diésel, así no más. Y no como contrabando, sino que para nosotros, mal que mal, aún nos quedan varios miles de kilómetros por recorrer y está la incertidumbre de encontrar aceite a nuestro paso.

Llegamos al primer control militar. Nos saludan, siempre muy amables, preguntan de dónde somos: “De Chile” y nos dice “más adelante lo revisan”. “Chuuuuucha cagamos”, pensamos… Seguimos avanzando y llegamos al segundo control.

Militar: “Buenos días, hacia dónde se dirigen?”
Vic: “Buenos días oficial, vamos a Colombia”
Militar: “De dónde son?”
Vic: “De Chile, señor”
Militar: “Chi-chi-chi le-le-le, Campeones de América, felicitaciones!!!

Y nos deja pasar… qué alivio! Pero aún nos queda el SENIAT que nos timbre la salida. Eran casi las 12 cuando llegamos y por poco lo pillamos cerrado. A esa hora es que salen a almorzar. Nos recibieron rapidito, recibió el papel del auto y nos dijo “Están listos, buen viaje”.

Al final nos costó más entrar a Venezuela que salir. Nos vamos felices porque la salida fue fácil y fluida, pero a la vez con pena porque hubiésemos querido recorrerla mejor. Así nos queda un pedazo de Venezuela por el cual regresar.
Estamos muy contentos de habernos “atrevido” a venir, de no haberle puesto atención a las noticias sino a nuestro corazón, de ver con nuestros ojos lo que está viviendo el país y hablar con la misma gente para saber qué opinan y cómo están.

Venezuela es un país maravilloso y con personas muy cálidas y amables. Hay que recorrer con precaución, al igual que otros países y nada malo debiera ocurrir. Lo recomendamos de todas maneras, pero siempre informándose por gente local de cómo está la situación en ese momento. Así lo hicimos nosotros y vivimos una muy buena experiencia.

Venezuela, volveremos por más!!

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3 Respuestas a “El Páramo: Los Andes Venezolanos

  1. Pingback: Los favoritos de Colombia | Upa Chalupa·

  2. You are having the adventure of a lifetime and I always enjoy reading about your adventures whenever you send them. In Prince George we still have about 2 feet of snow and a lot of ice because of the warming trend in our weather patterns. Most unusual for this time of the year. We are all well and I have had both knees replaced now. We hope that there will always be happy trails for you to explore. Go with God! Lotsa love,Val

    • Dear Val, you’re always there! Thanks for reading us and joining us on our adventure. I hope you’re feeling good now and enjoying the swimming pool! Big hugs for you xx

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